Alida Valli, la mirada más trágica de la pantalla grande

Un 31 de mayo de 1921 nació una de las más veneradas actrices italianas de todos los tiempos, acumuló a lo largo de su carrera un número excepcional de títulos y roles que la convierten en uno de los grandes mitos europeos del séptimo arte. Hoy, 100 años después, homenajeamos la vida y el trabajo de Alida Valli, poseedora de la mirada más trágica de la pantalla grande.

Nacida en la región de Pula, reino de Croacia, hoy Italia, conoció de pequeña una vida acomodada que se rendía a sus pies, pues incluso nació bajo el título de baronesa. Pese a sus orígenes en la nobleza, su interés por las artes la llamaba a recorrer un camino distinto, por lo que desde muy temprano se decidió a estudiar y trabajar en el teatro italiano.

Siendo apenas una adolescente inició su andar frente a las cámaras, desde entonces hasta su fallecimiento logró filmar más de 100 películas. Su éxito le ayudó también a trabajar fuera de sus fronteras donde grabó cintas clásicas que terminaron por consolidar su labor cinematográfica.

Alida Valli trabajó con directores de la talla de Alfred Hitchcock, Carol Reed, Bernardo Bertolucci, Dario Argento, Michelangelo Antonioni, George Franju o Mario Mattoli, entre otros. Recibió en 1982 el premio David di Donatello a la Mejor Actriz y en 1997 el León de Oro del Festival de Venecia como reconocimiento a su carrera.

Pese a ello su labor fílmica no estuvo exenta de controversias, la primera de ellas por haber participado en cintas de corte fascista en la Italia de Mussolini, lo que la dejaría marcada. Del mismo modo se vio envuelta en un escándalo de drogas y sexo en que una joven falleció.

La actriz conoció picos muy altos en que su talento quedó demostrado, se transformó en una intérprete de culto que asombró por sus múltiples registros histriónicos, capaz de ponerse en la piel de todo tipo de personajes y de perturbar las emociones de los espectadores tan sólo con su mirada.

Por ello hoy recordamos la cinta Senso de 1954, ejemplo notable en que Alida Valli construye uno de los más desolados personajes que se hayan filmado, una pieza excepcional que glorifica la figura de la italiana como de su director el imprescindible Luchino Visconti.

Senso, el dolor amoroso y el destino nacional

La historia se ubica alrededor del año 1866, en la guerra de unificación entre Italia y Austria con Prusia de por medio. Durante los días más tensos de la batalla la condesa Livia Sarpieri, fuerte simpatizante de los nacionalistas italianos, se enamora perdidamente del general austríaco Franz Mahler, lo que pondrá en entredicho su posición en el conflicto.

Livia que inicialmente actúa en pos de salvar de un duelo a su primo con el general, termina sucumbiendo ante los encantos seductores de un hombre que la maneja a placer. La condesa renuncia paulatinamente a su deber como esposa, a su patria y a su razón, cuando finalmente permite que su pasión amorosa gobierne su corazón.

Tras su etapa neorrealista el director italiano Luchino Visconti se lanzó a embarcar proyectos mucho más personales en las que reconstruyó la historia de Italia, con el afán de comprender los recovecos del alma humana, así surge Senso (1954) y películas emblemáticas como El gatopardo (1963) o Muerte en Venecia (1971).

En este momento, Visconti abandona los escenarios contemporáneos de su país para desarrollar, a través de una puesta en escena rica en detalles por su teatralidad operística, tramas en las que las heridas de sus personajes (des)componen el destino individual y colectivo de un país muy lejano al gran imperio que algún día fue.

Aquí, a diferencia del neorrealismo que a través de lo particular vislumbra toda una problemática social, el cineasta contrapone el complejo y oscuro panorama bélico con una  aventura amorosa turbia y hasta ridícula

En Senso lo que vemos con claridad, sobretodo gracias a la narración voz en off de la protagonista, es cómo una persona por mucho daño que pueda producir es capaz de alterar hasta el desenfreno total la razón y templanza de cualquier desafortunado enamorado, llevándonos a cometer actos que incluso podrían ser irreconocibles en nuestra propia naturaleza.

Visconti así plantea cómo el curso de las metas colectivas pueden ser arrasadas por los caprichos individuales de quienes protagonizan los momentos históricos. Del mismo modo en que una mirada puede cautivarnos hasta la locura, otra puede provocar el fin de una guerra, el sentir del director es siempre trágico, siempre humano.

En el cine del autor de Rocco y sus hermanos (1970) los personajes se quiebran paso a paso, encuentra sus heridas con precisión milimétrica y se obsesiona por descomponer sus valores morales. Razón por la cual los protagonistas de Senso pasan del placer romántico a un patetismo tal que ni la melancólica  noche de Venecia es capaz de ocultar.

A destacar la dirección fotográfica que es perfectamente capaz de caminar entre un teatro atestado de gente o en las nostálgicas calles venecianas, sin perder ni un detalle del mundo aristócrata de la época. Los planos medios y generales sirven para enmarcar a la pareja en el mundo hostil en que viven, pero también para resaltar las consecuencias de sus acciones.

Farley Granger da vida al nefasto general Mahler que en los últimos minutos de la cinta engloba todos los rasgos de la vileza humana con su risa y sus miradas ¡Vaya forma de romper el corazón de una condesa!

A su lado, una monumental Alida Valli, capaz de nadar entre la felicidad del éxtasis amoroso, la duda patriótica, el dolor del desamor y la vergüenza de una mujer traicionada. Me atrevo a decir aquí que nos hallamos ante el mejor y más complejo trabajo de su carrera gracias a los distintos matices que fue capaz de comprender.

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A la postre Luchino Visconti terminó por consolidar una de las filmografías más geniales y difíciles de comprender a primera vista, un director obligatorio para cualquier cinéfilo que navegue la historia del séptimo arte, como indispensable es también el visionado de Senso, película que pone de relieve el trágico devenir de la pasión humana.

De esta forma, concluimos nuestro homenaje a la enigmática y talentosísima Alida Valli, una actriz que con su mirada modificó el curso de la historia del cine, recordada por muchos por esa escena final de El tercer hombre (1949) en que abandona a paso lento un cementerio. Yo no logro olvidar el final de Senso (1954) en que arrebatada por el sufrimiento amoroso, camina despavorida entre una multitud de soldados que dan rienda suelta a su deseo, ella en cambio se dirige hacia el olvido.

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