Cuando mamá partió…

Por: Giselle Yu y Alan Alarcón
"...Y decir que todo está peor
Que al igual que ella mi esperanza se murió".
Los malaventurados no lloran - PXNDX

Cuando mamá partió, ¿adónde fue exactamente?, ¿será que se refugió entre las nubes del cielo?, ¿o es que sólo se convirtió en polvo que viaja libremente por el cosmos?, ¿cuál será ese “mejor lugar” del que todos hablan?, ¿volveré a verla cuando yo me vaya?, ¿nos reconoceríamos de ser así?, ¿en qué debo creer para reencontrarme con ella?, ¿estaría orgullosa de quien soy hoy? 

Tras años sin resolver mis dudas, lo único que sé es que su ausencia quema y hiela. Que el incremento de los años no detiene el dolor, sólo lo vuelve más soportable y llevadero.

Me da miedo pensar en la posibilidad de encontrarnos y no reconocernos, pero aún así si pudiera volver a verla, la abrazaría tan fuerte que explotaría, le contaría todo lo que ha sucedido desde el día en que se fue y la mucha falta que me ha hecho el recibir sus palabras de aliento y las frases que utilizaba para amenizar las situaciones.

Quizá te interese leer: Fotorreportaje | Tesoros
Fotografía: Alan Alarcón

Como en esas ocasiones en las que parecía que el mundo se acababa por tener un examen difícil al día siguiente o porque no sabía como acercarme a alguien que me gustaba… ojalá hubiera sabido que ni siquiera con su partida éste se terminaría, pero que sí se vendría tan abajo que en muchas ocasiones sentiría que me asfixio

Ahora mismo quisiera tener su ayuda para elegir entre los nuevos caminos que se me presentan y para saber si las decisiones que tomo son las más adecuadas.

Aunque sé que es imposible escuchar su voz aconsejándome, de vez en cuando siento como una corazonada que me ayuda a desnublar la mente y que de cierta forma me convence de que ella está escuchándome

Me gusta imaginar que —aunque ya no esté— sabe todo lo que ha pasado en estos años y que desde la lejanía se ríe de mis chistes y de la forma en la que bailo, que me observa cuando me encuentro en peligro y que acaricia mis mejillas para detener con delicadeza mis lágrimas cuando siento que no puedo más. 

Quizá te interese leer: La pieza rota de mi rompecabezas
Fotografía: Giselle Yu

Me reconforta saber que la encuentro diariamente entre mis pensamientos dispersos, y que si vive en ellos, entonces no ha muerto del todo.

¿Habrá visto mi sonrisa?, ¿me habrá escuchado reír o cantar?, ¿habrá visto la fuerza con la que enfrento las situaciones?, ¿me habrá observado demostrar amor a los otros? 

Hay veces en que no paro de preguntarme por qué se dieron así las cosas, si pudimos hacer más por ella o es que su destino estaba escrito y así es como tenía que terminar todo. Y —aunque no me enorgullece— la mayoría de las veces me llena de enojo pensar que de algún modo logró escapar de esta cruel y triste realidad y que —aunque ella no eligió irse— me abandonó en este lugar que cada vez está más lleno de maldad y vicios sociales.

Y visto de esta forma pienso que es dichosa, y en muchas ocasiones la envidio, porque yo también quisiera descansar de todo esto y poder desprenderme de tantas preocupaciones, angustias, miedos y decepciones con las que lidio todos los días, pero sé que no puedo, porque ella ya no está aquí, pero yo sí y el tiempo que me quede transitar por este orbe, la resistencia siempre será una prioridad para mí.

Fotografía: Alan Alarcón

Cuando mamá partió hacia un lugar desconocido, dejó en su recorrido un rastro infinito y ahora sé que una pequeña parte de ella vive en mis ojos, en mi cabello, en mi sonrisa, en mis manos, mis rodillas y mis pies. En la música, en el arte, en las plantas, en el mar, en la arena y en los más hermosos atardeceres del mundo.

Hoy sólo puedo agradecerle por permitirme conocerla durante los años que pudo compartir conmigo, por ser mi mejor amiga y por prepararme poco a poco para el momento en el que ya no estuviera.

Le agradezco por decirme que abrazara una almohada cada vez que la extrañara (lo sigo haciendo) y por todas las veces que en mi infancia me dijo que cuando fuera grande entendería muchas cosas que ahora entiendo. Y ahora comprendo por qué no podía quedarse más tiempo.

Aunque el tiempo avance y cada vez la recuerde con menos claridad o quizá corra el riesgo de olvidar cómo era su rostro, siempre podré mirarme al espejo y ver su reflejo a través de mí.

Fotografía: Giselle Yu
¡Conoce más sobre el trabajo de Giselle Yu aquí!
¡Síguela en redes sociales!
¡Conoce más sobre el trabajo de Alan Alarcón aquí!
¡Síguelo en redes sociales!
Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *