Frida, mi querida Magdalena

Frida, mi querida Magdalena, hoy sería tu cumpleaños número 114, y no hay día en el que no me pregunte: ¿por qué sufriste tanto? Hoy recuerdo aquel cuadro enmarcando tu transgresor y enigmático rostro; una litografía que decidí desechar porque odiaba la idea de verte sufrir en mi rojiza y desgastada pared. Sí, hace muchos años que tus bellas y dolorosas creaciones no acompañan nuestro andar. 

Frida, mi querida Magdalena, siempre me pareciste una mujer secretamente poderosa, alguien que conserva y esconde puntiagudas lanzas disfrazadas de pincel, adornando los momentos de dolor y sufrimiento, antes de que la adversa y hostil existencia lo hiciera.

Sé que tu paso por este mundo fue tragedia y angustia, como quizás todas las demás mujeres de tu época, porque lo cierto es que este mundo nunca ha estado hecho para nosotras. Dicen que estudiaste en el Colegio Alemán, pero nadie pude dar fe y legalidad de eso, lo que sí es cierto, es que los «grandes» intelectuales y artistas de la Escuela Nacional Preparatoria te rodearon por completo. ¿Qué hubiera pasado si la vida no te hubiera regalado un Diego?

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Espero alegre la salida y espero no volver jamás

Frida, mi querida Frida, hace mucho te echan de menos en las hipócritas y convenencieras tierras del arte, y en este largo camino también pude recordar tu paso por Detroit. Tu Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos me pareció triste; lleno de anhelos, extrañamientos por una tierra azteca pisoteada por tantos, una eterna lucha entre el progreso y las sabias raíces que aún intentan arrojar esperanzadoras flores a nuestros pies.

Ese 1932 es tan lejano y vigente a la vez, nuestra cultura conoce ese dolor, ese que absorbe porque se deja un colorido paraíso mexicano, pero irónicamente infértil y desdichado para nuestra supervivencia. El 4 de julio también fue importante para ti; no bastaron las infidelidades, el accidente en tu adolescencia, también el sueño americano se llevó un pedazo de tu vida, de tu tan querido Diego… un aborto espontáneo en el Henry Ford Hospital.

Sé que el amor era importante para ti; vivías, comías y respirabas amor, de una manera intensa y desmedida, sin límites ni composturas, desde Trotski hasta Chavela, pero dime, ¿Unos cuantos piquetitos de amor ensombrecían tu devoción?

Frida, una vez nos dijiste: «Donde no puedas amar, no demores», ¿por qué demoraste tanto?; otra vez nos dijiste: «No dejes que le dé sed al árbol del que eres sol», me moriría por saber ¿por qué te dejaste morir una y mil veces?, ¿por qué te orillaste a aquel sol?, ¿por qué te mudaste a las sombras? Frida, mi querida Frida, nos aconsejaste bien: «Escoge una persona que te mire como si quizás fueras magia», aquí, sólo puedo decir: Frida, mi querida Frida, sola o acompañada, tú eras más que magia.

Foto | Especial

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