Judas and the Black Messiah, descomposición de una resistencia social

Del curso de los nefastos acontecimientos que han dejado una ola de crímenes raciales, a la par de la eterna marginación a los afroamericanos, han urgido nuevos canales y foros para que ellos puedan expresarse. Hollywood les ha brindado en los últimos años espacio y atención para que su voz sea escuchada, una voz que emerge estentóreamente para dar lugar a Judas and the Black Messiah.

La comunidad negra ha utilizado el foro fílmico para contarnos su historia, recurriendo por lo general a personajes reales: músicos, activistas, víctimas, etc. No todas las películas lucen por su calidad estética, buscan mantener con vida la memoria de aquellos que sufrieron la injusticia americana, y así cimentar los valores de su lucha.

Aquí el movimiento tiene muy claras sus intenciones, porque una resistencia sin conciencia histórica está condenada a fracasar. Se valen del recuerdo para expiar el dolor con el que por tanto tiempo han cargado y que los ha tenido al borde de la renuncia.

Judas and the Black Messiah es una película dirigida por Shaka King, que apenas contaba con un largometraje y varios cortos, estrenada en el Festival de Sundance. El Instituto Americano de Cine y el National Board Review la eligieron como una de las 10 mejores películas del año, además de que Daniel Kaluuya ganó el Globo de Oro y el Premio de la Crítica como Mejor Actor de Reparto.

La trama presenta a William O’Neal, un delincuente menor que luego de ser arrestado accede a infiltrarse en el Black Panther Party para no ser condenado. Ahí conocerá a Fred Hampton el líder del colectivo con quien poco a poco entablará amistad y se convertirá en una de sus manos derechas. Al paso del tiempo se desatará una oleada de violencia, arrestos y asesinatos de los que O’Neal es a veces parcial o totalmente responsable.

Shaka King narra con un ritmo intenso y cautivador el sinfín de obstáculos con los que suelen chocar los movimientos sociales. Porque las Panteras Negras eran en última instancia una revolución que pretendía dar un poder y libertad total a su gente, pero que fue apagado con el peso de la ley y desarmado desde dentro de la organización.

La cinta nos exhorta a reflexionar sobre el camino de los grupos políticos, sus capacidades y sus límites. Pone el dedo en el renglón sobre la figura de los disidentes y los mártires, la amistad y la traición. Plantea el problema de los intereses individuales y los colectivos, los asesinos y los libertadores.

El traidor y el héroe, dos figuras inseparables

La película presenta a dos protagonistas claros, Haptom y O’Neal, héroe y traidor. El primero está dispuesto a entregar sus recursos espirituales y materiales en pos de la lucha que emprende; el segundo busca satisfacer sus beneficios a cualquier costo. Uno goza de valores morales fuertes, el otro no los tiene.

El cineasta nos da tiempo para conocer los dilemas de cada uno, se fija inicialmente en O’Neal. La trama arranca con una secuencia de seguimiento en que la cámara persigue al personaje, este entra en un bar y haciéndose pasar de policía roba un automóvil. El acto lo hará terminar en prisión, ahí conoce a un agente que le ofrece su libertad a cambio de información del interior del grupo de las Panteras Negras.

Se dibuja así a un personaje patético que con más fortuna que astucia logra colarse en el entramado del movimiento, provocando su descomposición. William esboza una especie de serpiente, que lo mismo es capaz de envenenar a los demás como a sí misma, de esconderse en el momento del peligro o de arrastrarse a los pies del mejor postor.

Por otra parte está Hampton, idealista e impetuoso líder de lucha que cree fielmente en el poder de la gente y en la conquista de la libertad. En él se enhebran todas las características del revolucionario auténtico: autosacrificio, amor, esperanza, enjundia, conciencia. Cualidades que lo enceguecen ante la figura falsa de O’Neal.

Fred carga con el deber de luchar por los derechos de su comunidad, para ello se hace de dos armas fundamentales: su poderosa oratoria y su persuasivo carisma. Él tiene en claro la complicada tarea que persigue así como el polarizado clima que reina entre los afroamericanos. Unir los intereses de todos será el objetivo primordial de su causa.

Sus jornadas se ven aún más complejas cuando se entera del embarazo de su novia Deborah, una seguidora fiel del movimiento que además le sirve de contrapeso intelectual. Entre Hampton y Deborah surgen algunas de las escenas más extraordinarias de la cinta, la pequeña historia de amor entre los dos refuerzan el sentido esperanzador que lleva en el interior la lucha de los afroamericanos.

El curso de los movimientos políticos-sociales

El destino que comparten la mayoría de los movimientos sociales no es envidiable, en realidad se conforman con triunfos menores. Casi todas terminan desarmadas y descompuestas, en muchos casos el abatimiento de los grupos políticos se gesta desde dentro de la organización misma, el ejemplo de las Panteras Negras no es distinto.

Incluso apelando a lo que sucede en la industria cinematográfica en los pasados años podemos decir que si bien hemos conocido nuevos cineastas y actores que han protagonizado historias de la comunidad negra en Estados Unidos, ningún afroamericano lleva las riendas del medio. El día que Hollywood quiera volver a dejar en el olvido estas películas no volverá a apoyar económicamente dichos proyectos.

Algo parecido ocurre en el ámbito deportivo, los atletas afroamericanos encabezan los juegos más populares en Estados Unidos, pero no son ellos quienes toman las decisiones más relevantes. Pasa lo mismo en la política, en los medios de comunicación, en el mundo musical, entre otros escenarios.

Judas and the Black Messiah comprende una estructura que con inteligencia esquematiza los problemas internos de un movimiento social. La lucha colectiva tiene que guerrear con ella misma primeramente para poder organizar y abarcar todo lo que pretende alcanzar con las metas que se plantea.

El drama se vuelve aún más complejo cuando los integrantes del grupo no se deciden a emprender acciones a partir de la violencia o de la paz. Algunos tienden a inclinarse por la violencia como única respuesta ante el sistema imperante, otros en cambio creen que la educación y el ejemplo son las herramientas más poderosas para lograr su cometido.

Aquí el personaje de Deborah toma mayor relevancia, dado que confronta intelectualmente el carácter desbocado de Hampton. Ella lo lleva a comprender que el movimiento debe sustentarse sólidamente bajo estamentos históricamente comprometidos, además de que como cualquier otro grupo político debe ser capaz de evaluarse a sí mismo de manera constante o de lo contrario perecerá.

Esquema de Judas and the Black Messiah

El guion a cargo del propio Shaka King y Will Berson compone un relato muy fluido que primero contempla las motivaciones personales de sus dos protagonistas, pero también presta su atención al curso del movimiento de las Panteras Negras. Goza de un libreto lleno de diálogos agudos, incómodos, dolorosos e intensos.

Secuencia a secuencia podemos advertir el carácter agobiante que se impregna de la lucha social. El director se decide por escenas explosivas que mantienen el ritmo en tono bélico de la trama. Como no podría ser de otra forma, la estructura propuesta por el autor recuerda en mucho la estética de Spike Lee, el más grande cineasta afroamericano que se haya visto.

La estructura discursiva agrega además grabaciones en las que se entrevista años después al personaje de O’Neal, sirven como motivo para ir contando la historia que se nos presenta. A través de esas filmaciones el personaje recrea la figura de Hampton, también se insertan imágenes reales y fotografías de la época en cuestión.

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Sean Bobbitt conforma el trabajo fotográfico de la película, lucen sus seguimientos en planos secuencia de las acciones de los protagonistas y un cuidado milimétrico de la iluminación nocturna. Los encuadres enmarcan con tonalidades verdes y azules los escenarios de la historia confiriendo una atmósfera de efervescencia social y lucha política.

Resulta admirable el manejo ágil de la cámara en espacios interiores y exteriores, sutil en la exposición íntima de cada personaje así como de su desenvolvimiento colectivo. Para ello emplea planos de detalle, close-up y planos medios que retratan con un juego de sombras a las figuras de la trama.

Para resaltar el trabajo interpretativo de Daniel Kaluuya, su figura frente a la cámara sabe imponerse con su carácter enérgico y su estridente voz. Lakeith Stanfield como el infame William O’Neal lleva a buen puerto su composición del vil e inescrupuloso Judas; destacar también las apariciones del siempre excelente Jesse Plemons como el agente poseedor del destino de O’Neal.

La cinta conoció ya el anuncio de sus 6 nominaciones al Oscar y aunque tendrá que esperar al 26 de abril para conocer el veredicto final, me apresuro a decir que bien podría levantar los premios a Mejor Película y Mejor Guion Original. Hasta ahora parece que el Oscar a Daniel Kaluuya como Actor de Reparto es un hecho.

El director hace su aparición en el gran orbe fílmico con una apuesta peligrosa, pero tiene la suficiente sagacidad para proyectar con pericia técnica y dotes narrativos el relato. La pregunta es si Shaka King podrá consolidarse como un cineasta de valor, en este punto su trabajo tras las cámaras es más que una excelente revelación.

Judas and the Black Messiah surge así como una película de gran calidad argumentativa, sobre todo por su compromiso histórico y su visión objetiva de los hechos. Un filme que recrea sin pretensiones vanas el curso de un movimiento resquebrajado, una revolución detenida, pero como todo lo que sucumbió puede volver a emerger.

Nota: Judas and the Black Messiah está disponible por ahora solo en HBO Max, su estreno en salas se ha visto retrasado por la pandemia.

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