“¡Yo a tu edad ya era independiente!”

Si tienes treinta años o menos, seguro has escuchado la frase “yo a tu edad ya era independiente”, ya sea de parte tus padres o alguna persona mayor que tú. Y sí, a los millenials que nacimos después de los años 90 es algo que se nos reprocha constantemente.

Además se nos acusa de flojos, ociosos, comodines, tontos, ridículos entre otros adjetivos negativos. Eso nos lo dicen ellos, quienes pudieron obtener una vivienda aún sin ser adinerados, pensionados y demás. Pero lo peor de todo es que también dicen el clásico “ahora ustedes tienen todo más fácil” o “¡uy! En mis tiempos la situación era muy difícil”. ¡A ver! ¿más fácil, cómo por qué?

En el año 2000, justo hace 20 años, la población total en México era alrededor de 95 millones de personas, y el último registro de censo que tiene el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) en julio de este año es de 125 millones. Entre los estados más poblados del país está el Estado de México con más de 16 millones de habitantes, y la CDMX con más de 8 millones, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Población (CONAPO).

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Las manchas urbanas en México empezaron a crecer aceleradamente en la segunda mitad del siglo pasado. Con ello se dio lugar a las periferias, donde migrantes echarían raíces. Lo suficientemente cerca de los beneficios de la ciudad, y lo suficientemente lejos para que las viviendas fueran asequibles.

En otras palabras, surgió la gentrificación. Con la gran concentración habitacional en la ciudad y sus alrededores los costos de vivienda y mantenimiento se dispararon. Como consecuencia hubo desplazamiento de personas, y sólo las de mayor nivel adquisitivo tomarían esos lugares privilegiados.

En cuanto a la fundación de las periferias hubo desorganización y proyectos fallidos. En el estado de México sobran los ejemplos, como Ciudad Satélite, una planificación ambiciosa que terminó como otra ciudad dormitorio (véase en este artículo de la revista Nexos).

En los años 80 y 90 seguían en construcción más de estas ciudades dormitorio, de clase social cada vez más baja y más lejanas. Gran parte de ellas por Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT).

Se generó caos de movilidad (véase en este artículo de la revista Nexos) como traslados de 4 horas al trabajo, delincuencia o violencia de género, ya que la gran mayoría de los habitantes de las periferias emigran diario hasta hoy a la ciudad para poder subsistir. 

Todos los problemas ya mencionados agudizaron la gentrificación y no se hace otra cosa que un círculo vicioso bastante agotador, violento e inhumano.

Recientemente, el INFONAVIT ha venido reportando un problema; se calculan 5 millones de casas abandonadas en las periferias más apartadas del área metropolitana. Entre las aparentes causas está la lejanía de centros de trabajo y estudio.

Aunque el acceso a ciertos beneficios como la educación eran limitados en las generaciones anteriores, en el ámbito laboral no era un requisito indispensable, y además era más flexible el crecimiento en un empleo. Ahora la escasez  del trabajo orilla a estar bajo modelos como el outsourcing y por honorarios. Cada vez hay menos prestaciones; otro regalito del neoliberalismo.

Y podríamos llevarnos horas explicándoles cosas como la inflación, la caída de la moneda nacional ante el dólar, la contaminación, el agotamiento de recursos que nos dejaron, etcétera.

Pero la tenemos muy fácil, porque hay Internet y celulares inteligentes ¿o no?

Si bien hay que reconocer algunos aspectos negativos en parte de nuestra generación, como el hecho de que hemos sido manipulados para consumir compulsivamente, o nuestra poca cultura del ahorro y previsión, lo cierto es que no, no la tenemos fácil en bastantes aspectos a comparación de los hijos de la posguerra y la generación X, quienes bastante jóvenes pudieron hacerse de un patrimonio.

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